|
6/3/2007 RESPUESTA A JOSEP-MARIA
PUIG
SALELLAS //
JUAN-JOSÉ LÓPEZ BURNIOL
La tozudez de los
hechos
1. • La
realidad se impondrá y Catalunya jamás tendrá una relación bilateral
completa --de tú a tú--
con España
JUAN-JOSÉ
López Burniol*
Al caer la
tarde del 1 de marzo de 1977 --¡hace treinta años!-- Josep-Maria
Puig
Salellas, entonces decano del Colegio Notarial de
Catalunya, me dio posesión de mi
notaría en
Barcelona. Desde aquel día, siento por él respeto intelectual y afecto
personal. Por
eso --y aunque les aburra-- contesto a su reciente artículo comentando
otro
mío, con
ánimo de precisar mi posición.
Resume
Puig mis
ideas: "El Estatut de Catalunya constituye un grave error, desde el
punto de
vista de los intereses del Estado español, por introducir --aunque sea
de forma
embrionaria--
unos mecanismos de bilateralidad impropios de un Estado federal". Por lo
que, "la
única alternativa realista (...) es el Estado federal o la
autodeterminación".
Frente a esta
posición, Puig
parte de "un cierto grado de escepticismo saludable, que
lleva a (...)
la relativización de los conceptos", y hace dos afirmaciones: Primera.
Que la
bilateralidad
está en la Constitución, pues --según su artículo 2-- "el Estado estaba
integrado por
comunidades autónomas con entidad nacional --las llamadas
nacionalidades-- y por otras que eran calificadas únicamente como
regiones".
SEGUNDA. Que,
"por encima del federalismo y de la independencia, (cabe) la
búsqueda de
una relación especial, porque el primero, precisamente por su
uniformidad,
ignora el
hecho diferencial, y la segunda (...) no es viable", ya que "según datos
(...)
relativos al
2005, el saldo comercial de Catalunya con el resto del mundo fue
negativo
en 4.305
millones de euros, mientras que el relativo a España fue positivo en
20.956
millones. Y
es que (...) el primer mercado de las empresas catalanas (...) es el
Estado
español".
Así las cosas,
deseo aclarar la raíz de mi pensamiento, que no se funda en una
interpretación estricta de la ley, sino en el realismo jurídico, que (dejando
al margen los
derechos
humanos, que son un prius a lo jurídico) sostiene que el Derecho
no es más
que el
conjunto de normas que cada sociedad considera convenientes --en cada
momento
histórico-- desde el punto de vista de su interés general, único
principio ético
de validez
universal no metafísico. Por tanto, el Derecho es para mí una realidad
histórica y
no un corpus dogmático; concibo las leyes como simples instrumentos
contingentes
de ordenación social y de resolución de conflictos; y sostengo que el
componente
económico es consubstancial a toda norma jurídica.
CON TAL
mentalidad, ¿puede alguien pensar que, cuando afirmo que el Estatut no
será
nunca objeto
de desarrollo pleno, es por interpretar restrictivamente la Constitución
o
por lo que
pueda decir el Tribunal Constitucional? De ningún modo. Lo que sostengo
es
mucho más
grave, a saber: que, digan lo que digan la Constitución, el Estatut y el
Tribunal
Constitucional, la realidad se impondrá y Catalunya jamás tendrá una
relación
bilateral
completa --de tú a tú-- con España, porque las otras Comunidades no lo
permitirán
y
exigirán café para todos.
Acierta
Puig cuando
alega que la Constitución quiso distinguir entre autonomía política
y
administrativa. Pero el intento se frustró --el 28 de febrero de 1980--
con el Estatuto
de Andalucía,
que, en lugar de la autonomía administrativa, optó por la autonomía
política. ¿Pudo
ser de otro modo? No lo creo.
En Andalucía
pasó lo que tenía que pasar, es decir, que dado el gran efecto mimético
que, por su
viejo prestigio, despierta Catalunya en toda España, ninguna de las
comunidades
mayores ha querido ni querrá nunca ser menos que Catalunya. Piensen en
la cláusula
Camps, así como en lo que le oí decir al presidente Matas
refiriéndose a
Baleares:
"Som una nació igual que Catalunya i, a més, el nostre fet diferencial
està
potenciat
per la insularitat".
DE LO QUE
resulta que si Catalunya consolidase una relación bilateral con España,
ésta se
extendería a otras Comunidades, con el resultado de que el Estado
explotaría, por
no resistir
una pluralidad de relaciones bilaterales. No digo que esto sea bueno ni
malo,
ni justo ni
injusto. Es así. Y los hechos son tozudos y terminan imponiéndose.
¿Qué salida
hay? Solo la transaccional, en forma de auténtico Estado federal. Pero,
si
por parte
catalana se considera que ésta fórmula es insuficiente, no queda otro
remedio
que pensar en
la secesión, porque lo que Catalunya nunca logrará --insisto-- es una
relación
bilateral plena con España.
CUANDO
sostengo esta alternativa --Estado federal o secesión-- nadie me hace
caso.
Se me dice
que España nunca consentirá la independencia de Catalunya, pues no
podría
subsistir sin
la aportación económica catalana (el 20% del PIB). Quizá sea así, pero
no
lo veo claro.
En primer lugar, porque detecto hace tiempo que, de la misma forma que
Catalunya
padece fatiga de España por la discriminación sufrida --por ejemplo-- en
materia de
infraestructuras, una equiparable fatiga de Catalunya se da en buena
parte de
España por la
permanente reivindicación política catalana con horizonte difuso. Y, en
segundo
término, porque la España de hoy tiene unas posibilidades de crecimiento
y de
proyección a
su área cultural, que hacen de ella un país con futuro.
TOTAL, QUE LA
relación Catalunya-España se asemejará --cada día más-- a la de
aquellas
parejas que ponderan poner fin a su convivencia por hacérseles fatigosa.
Por
consiguiente,
llegará el día en que Catalunya y España habrán de evaluar fríamente su
situación y
decidir desde la exclusiva óptica de sus particulares intereses lo que
más les
conviene. Lo
que les exigirá a ambas prescindir del concepto de culpa, hacer punta al
lápiz para
echar cuentas, y, sobre todo, tener presente que la vida no puede
convertirse
en una agonía
continua. Son cuatro días.
*Notario.
|